LA OBRA "TEBANAS" LLEGA A MADRID DURANTE TRES SEMANAS: "UN CLÁSICO ES PERMANENTEMENTE JOVEN PORQUE SIGUE FORMULANDO PREGUNTAS"

El pueblo de Tebas revive sus tres grandes mitos a modo de coro trágico: El rey Edipo busca al asesino de su padre para acabar con la maldición que sufre la ciudad; la salvación depende de revelar el secreto más terrible. Eteocles, hijo de Edipo, defiende Tebas del ataque de su hermano Polinices, en una guerra a muerte por el poder. 

Esta es la historia que rodea el espectáculo "Tebanas", de la productora Ay Teatro, que esta semana se ha estrenado en el Teatro de la Abadía de Madrid. 

Fotografía: David Ruiz

Hasta el próximo 15 de febrero, esta obra de teatro que presenta una versión sintetizada de cuatro cumbres teatrales de Occidente que traza un arco entre los conflictos familiares, las maldiciones, los enfrentamientos personales y bélicos, los personajes recurrentes como Tiresias, Creonte, el coro trágico y la mítica Esfinge que sobrevuela esta cadena de sangre derramada a lo largo de generaciones. 

El pasado miércoles 21 de enero tuve la oportunidad de asistir a la presentación de este título en el Teatro de la Abadía de Madrid, y entrevisté a Yayo Cáceres (director y compositor) y Álvaro Tato (dramaturgo y versionista).

Lleváis un año de gira con "Tebanas". ¿Ha evolucionado la obra a lo largo de todo este tiempo? Si es que sí, ¿De qué manera?

Álvaro: Yo creo que siempre evoluciona, ¿no? Que la gran fortuna del teatro es que está vivo. El espectáculo se mueve, desde el día del estreno (que fue en el teatro de Zamora hace ya casi un año). Luego pasó por el teatro de Mérida, ha hecho una gira por un montón de puntos de España y ahora llega a La Abadía con todo incorporado, pero cada noche es diferente. 

Yayo: Sí, nace y muere cada noche; es efímero, que es su mayor virtud; y a la vez es un ser vivo que te va pidiendo lo que necesita para que tú estés a su servicio, digamos. 

Llegáis al Teatro de la Abadía, un espacio que impone, ¿no?

Álvaro: Impone, impone, pero a la vez lo sentimos un poco casa, porque hace unos años estuvimos con "Andanzas y entremeses de Juan Rana, de Ron Lalá, y hace poquito también representamos "Vive Molière", también de Ay Teatro. Esta es nuestra tercera visita, si no me equivoco, a un lugar que es -literalmente- un templo, un templo del teatro, pero también un ex-templo. Y qué mejor lugar para representar una tragedia que trata sobre la ciudadanía, sobre la democracia, sobre el nosotros frente al yo... Pero también es, de alguna manera, un teatro ritual, con música en directo, con mucha energía, con mucha potencia y que nos conecta con esa fe laica de los trágicos griegos. 

En otra entrevista habéis dicho que os gustaría que el público saliese planteándose cosas, con algunas preguntas. De hecho, la obra plantea varias cuestiones. ¿Creéis que se pueden traer a la actualidad?

Álvaro: Creemos que se debe. Un clásico es permanentemente joven porque sigue formulando preguntas, y cuando deja de hacernos preguntas, de mirarnos a los ojos, de ser un adolescente que adolece de algo que necesita de nosotros, deja de ser un clásico. 

¿Habéis descubierto algo de vosotros que no sabíais durante todo este proceso, tanto de creación como representación?

Álvaro: Yo creo que sí

Yayo: Creo que la respuesta está en lo que dice Creonte, que no se sabe quién es alguien hasta que tiene una cuota de poder. Y esa cuota de poder no necesariamente es un poder de dirigir un país; es ponerte al frente de una compañía, estar al mando de la dirección de algo... Es decir, yo creo que el teatro en ese sentido permanentemente no está poniendo en situaciones de averiguar quiénes somos y nos encontramos con muchas sorpresas, porque estás corriendo un riesgo permanente. Poner una obra de teatro en pie es fundamentalmente correr riesgos. Hay que ser muy responsable para salir a un escenario con una letra memorizada frente a un montón de gente que te mira. Hay un acto de confianza casi kamikaze. Entonces yo creo que el teatro siempre te confronta contigo mismo. 

Vais a estar un poco menos de un mes en el Teatro de la Abadía. ¿Qué esperáis del público?

Álvaro: Más que esperar, nos llena por un lado de pánico, como siempre que llegamos a Madrid, porque de alguna manera es nuestra casa, y también por este teatro que nos ampara. El Teatro de la Abadía es la solera, son los años, tiene la magia adherida a las paredes. Pero también quiero pensar que hay un cierto grado de intriga con el público que ya nos conoce, en los caminos que hemos ido tomando con Ron Lalá y con Ay Teatro (este proyecto que tenemos Yayo, Emilia Yagüe y yo). Siempre uno se intriga por ver que cómo va a encajar este público tan entendido, tan sabio, tan degustador del teatro... esta nueva visión de los griegos. Es una visión que tiene gran parte musical, gran parte de teatro en verso, pero también tiene una perla escondida, una especie de momento cómico que no sabemos qué tal va a funcionar: si se van a reír, si se van a salir del teatro enfurecidos... No lo sabemos. 

Me ha gustado mucho que tenéis un elenco muy joven, tanto los músicos como los propios actores, que también hacen de músicos. ¿Por qué contar con ese talento joven?

Yayo: Porque una de las cosas que nos planteamos cuando armamos Ay Teatro con Álvaro y Emilia es mixturar y hacer un montaje con algún actor famoso, actriz famosa, por ejemplo, hemos hecho montajes con Charo López, Aitana Sánchez Gijón, Carlos Hipólito... Y luego otro con gente joven, medianamente desconocida, pero que es el semillero, son los que vienen, los que en 10 años van a estar llevando la realidad teatral de este país. Entonces, creo que es fundamental trabajar con ellos. 

¿Y por qué los músicos sobre el escenario?

Álvaro: Es una de las señas de identidad de la compañía, marca de la casa de Yayo en particular, como director teatral. Ha fundado su lenguaje, la forma de conducir su talento a través de esa visión ultra teatral, te diría, basada en la metonimia, en los mínimos elementos en escena, en la imaginación del espectador como verdadero protagonista y, siempre, con la música en directo. Él es músico, compositor (ha compuesto todas las canciones del espectáculo) y en este caso son los propios artistas los grandes intérpretes; no solo son actores, sino que cantan, tocan de maravilla, se mueven de maravilla... Queremos jugar con el espectador al gran juego del teatro que ha sido siempre desde los clásicos: actores que saben cantar, recitar y que saben moverse. 

¿Qué instrumentos hay sobre el escenario?

Yayo: Hay un violín, una guitarra eléctrica, algunas percusiones y una cosa que se llama micro cork, que es un tecladín chiquitito que dispara sonidos de distinta índole. 

¿Qué engloban para ti esos instrumentos para incluirlos en la obra?

Yayo: Fíjate que eso, en parte, viene dado por los personajes. Marta Estal, por ejemplo, es una gran pianista, además de una gran cantante, y es la que interpreta el personaje de Ismene. Fran Garzía toca la guitarra y fue el quien propuso el micro cork como instrumento. Compramos un violín eléctrico para que lo tocase Mario Salas y no tener un violín, digamos, de cuerpo. Y luego ellos mismos fueron mixturando los timbres para conseguir el resultado final. 

Un trabajo en equipo, entonces.

Yayo: Sí, siempre lo es. Siempre hay alguien que tiene que mandar, es cierto, pero sí que es un trabajo de fe mutua, como yo le digo. Uno tiene que tener fe en el actor, y el actor en el director. En cuanto a algo de esa fe mutua se rompe, no hay manera. 

Para terminar, una recomendación para que el público vaya al Teatro de la Abadía a disfrutar de Tebanas. 

Álvaro: Esperamos al público en el Teatro de la Abadía para ver "Tebanas" porque se van a divertir, divertir en el sentido del puro entretenimiento, del gozo de lo que es el teatro, que muchas veces es llanto, es rabia, es violencia... Pero otras veces son carcajadas, también. Aquí lo queremos mezclar todo, pero también divertir en el sentido de otra versión de la realidad, de las historias que nos cuenta el poder, y una mirada penetrante a los clásicos, a los clásicos como esencia del ser humano, de occidente y de la democracia europea.